La transformación de las calles de Soria ha cambiado también la forma de circular por ellas. Hasta mediados de septiembre, 32 personas han resultado heridas en accidentes registrados en la ciudad, entre ellas ocho peatones atropellados en lugares donde tenían prioridad. Las rotondas y los cruces de carriles bici muestran las dificultades de un espacio urbano que en dos décadas ha cambiado sus reglas de circulación y, en algunos puntos, carece de iluminación y señalización suficiente.
La Soria por la que se conduce hoy no es la misma ciudad de hace veinte años. A las calles pensadas para la circulación de vehículos se han ido incorporando carriles bici, rotondas, zonas de velocidad reducida, espacios peatonalizados, plataformas de uso compartido y vehículos de movilidad personal (VMP).
El peatón ha ganado espacio, la bicicleta ha dejado de ser una presencia excepcional y los patinetes han incorporado un nuevo usuario a las calles. El resultado es una ciudad en la que todos están obligados a convivir y en la que muchas de las situaciones que antes se resolvían con una regla sencilla exigen ahora prestar atención a quién tiene la prioridad.
Los datos de los accidentes ilustran esa transformación. En el conjunto de los siniestros registrados este año hasta mediados de septiembre se contabilizan 32 personas heridas: 17 en accidentes de vehículos, ocho peatones en atropellos en los que tenían la prioridad, cuatro personas por caídas de patinete y tres en accidentes entre vehículos y bicicletas o VMP.
Al detenerse en los atropellos es cuando aparece con mayor claridad la complejidad de esa convivencia.
Los informes recogen 13 durante el periodo analizado. De ellos, nueve con aviso al 112 y asistencia sanitaria, como se recoge en el gráfico. Ocho de los atropellos se produjeron en lugares en los que, según fuentes próximas al Ayuntamiento de Soria consultadas por Soria Noticias, el peatón tenía la preferencia, bien sobre paso de cebra, bien en la llamada ‘zona de pacificación’.
Esa llamada “pacificación del tráfico” forma parte de ese cambio. El Ayuntamiento de Soria comenzó a introducir el nuevo diseño urbanístico del centro en 2010 y ha continuado después con actuaciones de peatonalización y transformación del espacio público.
La filosofía es sencilla: reducir la velocidad y el protagonismo del vehículo para dar más espacio y seguridad a quienes se desplazan a pie. La normativa estatal establece actualmente un límite genérico de 30 kilómetros por hora en las vías urbanas de un único carril por sentido y de 20 kilómetros por hora en las vías con plataforma única de calzada y acera. En estas últimas, además, el peatón tiene prioridad en cualquier punto de la calzada.
Es un cambio relevante porque modifica las expectativas del conductor, que debe asumir que puede encontrarse con peatones en prácticamente cualquier punto y adaptar su velocidad a esa circunstancia.
La propia DGT sitúa estas medidas dentro de la estrategia de ‘Ciudades 30’ y vincula la reducción de velocidad con una menor gravedad de los atropellos. En Soria, sin embargo, el cambio urbanístico no siempre ha ido acompañado de una adaptación inmediata de los hábitos. Los técnicos consultados por este periódico señalan que parte de las dificultades procede precisamente de esa falta de costumbre.
La bicicleta ofrece otro ejemplo de esa convivencia forzada. Los informes de este año recogen tres heridos en accidentes en los que han intervenido bicicletas o vehículos de movilidad personal (VMP) y cuatro por caídas del patinete, aunque los accidentes han ascendido a ocho.
La normativa reconoce expresamente la prioridad de las bicicletas o VMP cuando circulan por un carril bici o paso para ciclistas debidamente señalizado. También contempla la prioridad cuando un vehículo a motor gira para entrar en otra vía y existe un ciclista o un conductor de VMP en sus proximidades.
Para el conductor, por tanto, ya no basta con mirar únicamente el tráfico que viene por la calzada. Tras las obras de las travesías, sobre todo, tiene que incorporar a su campo de atención un espacio lateral reservado a otro usuario que puede aparecer en el momento de realizar un giro o una incorporación.
Y para el ciclista la existencia de un carril específico tampoco elimina la necesidad de atención. La convivencia no consiste únicamente en saber quién tiene prioridad, sino en prever que el otro usuario puede no haberla visto, no conocerla o no interpretar correctamente el espacio por el que circula.
Las nuevas glorietas concentran una parte de esa dificultad. Su presencia se ha multiplicado en la ciudad y exige una lectura distinta de la circulación tradicional. El principio general es que quienes ya circulan por la glorieta tienen prioridad sobre quienes pretenden incorporarse. Cuando además interviene una bicicleta, la situación puede complicarse porque la normativa contempla supuestos específicos de prioridad para los ciclistas, entre ellos cuando circulan en grupo y el primero ya ha iniciado el cruce o ha entrado en la glorieta.
Los técnicos consultados vuelven a apuntar a la falta de costumbre como uno de los factores que aparecen en algunos accidentes. No se trata necesariamente de conductas deliberadamente irresponsables, sino de errores de interpretación en un escenario urbano más complejo que el de hace dos décadas. Y las cifras acompañan su análisis. De los 358 accidentes registrados, cinco han sido provocados por alcoholemia positiva (el 1,4%). El total de delitos contra la seguridad vial, apuntan los expertos, no llega este año al 1% si se compara con el total de atestados.
La diferencia es importante. En una ciudad pequeña como Soria, donde las distancias son cortas y los desplazamientos diarios se realizan muchas veces por los mismos itinerarios, los hábitos tienen un peso considerable.
La responsabilidad, además, no termina en el comportamiento de quien conduce, camina o pedalea. Los expertos consultados llaman también la atención sobre la configuración del espacio urbano.
La iluminación es uno de los ejemplos. En determinados puntos, como la calle Nicolás Rabal, la escasa luz compromete la visibilidad del conductor. Y no es la única calle.
También hay momentos de la tarde, señalan los técnicos, en los que el sol puede convertirse en un factor de riesgo.
Los conductores consultados apuntan, además, a otro problema: algunos pasos de peatones, al no estar señalizados con las habituales franjas blancas, resultan más difíciles de identificar.
No todos los accidentes responden, por tanto, a una infracción evidente. Hay situaciones en las que el conductor cumple las reglas generales pero se enfrenta a unas condiciones de visibilidad, señalización, diseño o configuración de la vía que complican la percepción del resto de usuarios.
El cambio de modelo urbano ha incorporado nuevos usuarios y ha reducido velocidades en determinados espacios precisamente para proteger a los usuarios más vulnerables, como los peatones. Pero esa protección depende también de que todos, incluidos ellos, conozcan las reglas y de que el diseño de las calles permita entenderlas y aplicarlas con claridad.
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