Sanchista converso, municipalista y fiel defensor de las agendas urbanas y los ODS 2030, el candidato socialista deja 'obligado' su cómoda mayoría absoluta en Soria y sueña con ganar en Castilla y León, aunque sabe que tiene imposible gobernar. Domina el discurso, tiene colmillo y se empuja en la justicia territorial para lograr inversiones.
Mejor político que gestor, la falta de planificación en materias como personal o urbanismo, la creación de una "red clientelar" o su incapacidad para atraer proyectos privados, han sido sus grandes deberes como alcalde de Soria. Aunque ahora es su cercanía (desde el papamóvil hasta conceder entrevistas borracho) con lo que más le atacan en los medios nacionales. Seguidor del Che, esta campaña ha cambiado convenientemente la palestina por el chaleco.
La política nacional, y el ecosistema mediático, ha descubierto a Carlos Martínez Mínguez en esta campaña electoral para las elecciones de Castilla y León. Un animal político, algo raro de ver por estas tierras, a quien sus fallidas apuestas siempre que hubo un debate interno en el PSOE le mantuvieron durante dos décadas en la alcaldía de la segunda capital de provincia más pequeña de España. Tras cuatro mayorías absolutas y cuando el desgaste parecía comenzar a aparecer (travesías, personal, urbanismo…) todo parecía listo para una cómoda vía de escape hacia Bruselas o algún otro foro internacional donde se había convertido en la voz de las pequeñas ciudades.
Pero entonces llegó la llamada del partido. Mínguez, porque lo de Carlos Martínez es un invento de la prensa autonómica, asumió una responsabilidad orgánica en forma de doble marrón. Intentar reorganizar el PSOE en la comunidad más grande y deshilachada de toda España y ser cabeza de cartel en unos comicios vistos para sentencia de antemano. Este próximo domingo 15, el soriano recibirá la primera derrota en las urnas de su vida. Él busca ser la lista más votada en Castilla y León y, a nivel personal, el orgullo de ganar en su provincia y meter un rejonazo a su némesis, el PP, y a su dolor de muelas en los últimos años, Soria ¡Ya!.
Camino de las dos décadas como alcalde de Soria y enlazando mayoría absoluta tras mayoría absoluta, el run-run del posible salto de Carlos Martínez a otros escenarios políticos llevaba tantos años sonando de fondo en la cabecera del Duero que ya era prácticamente imperceptible. Mínguez siempre aseguró, y lo decía de verdad, que por él "sería alcalde de Soria siempre".
Su legendario mal tino a la hora de elegir bando en las batallas nacionales del PSOE le ayudó a cumplir durante años con aquella, algunos dirán aspiración, otros promesa y otros maldición, de seguir en Soria. En 2012 era parte del equipo de Carme Chacón, que perdió por un puñado de votos ante Alfredo Pérez Rubalcaba; y en 2017 apoyó a Susana Díaz frente a Pedro Sánchez en medio del encendido debate del 'No es no' para la investidura de Mariano Rajoy.
Aquellas decisiones parecían cerrarle las puertas de la política nacional y, aunque siempre trabajó bien los pasillos (con voces más altas que otras, puñetazos encima de la mesa y amenazas de abandonar reuniones con los suyos) de Ferraz y Moncloa cuando el PSOE tocaba poder con Zapatero o Sánchez, su futuro parecía más ligado a una de sus pasiones; el municipalismo en los grandes foros y la lucha por los equilibrios territoriales.
La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), el Comité de las Regiones de la Unión Europea o la Asamblea de Ciudades y Gobiernos Locales de la ONU han ocupado su agenda, haciéndole viajar por los más diversos rincones del mundo predicando, no sin cierto éxito, la necesidad de preocuparse más por la igualdad territorial dentro de los propios países o regiones. Su futuro político parecía ineludiblemente ligado a uno de estos foros, mucho más que a un Ministerio, a una Secretaría de Estado o a un dorado retiro en el Senado.
Y es que, Carlos Martínez no es un sanchista de primera hornada, como sí lo fue su predecesor Luis Tudanca, ni tampoco uno de primera fila. Mínguez nunca se ha remangado especialmente para defender al Gobierno de España en asuntos como las negociaciones con Junts o Bildu, o en la colonización de las instituciones públicas y, desde un prudente y a la vista efectivo perfil bajo, siempre ha querido marcar algo de distancia.
Un político carismático, aunque sea en la provincia más pequeña de España, astuto y un hombre de partido. Un candidato con una notable experiencia en el poder que no resulta especialmente incómodo en ninguna de las otras 8 provincias de Castilla y León. Una candidatura impulsada desde Ferraz, pero con un hombre tan de la tierra y tan de la política local que es complicado verlo como una imposición.
El candidato del PSOE a presidir la Junta de Castilla y León es, desde el 27 de marzo de 2007, alcalde de la ciudad de Soria (unos 40.000 habitantes). En aquel momento fue el primer edil más joven en una capital de provincia de Castilla y León, y actualmente es el alcalde socialista más veterano de toda España, en cuanto a capitales de provincia. Aferrado al cargo, no va a dejar su sillón en la alcaldía hasta que asuma su acta de procurador, una decisión polémica que no parece haberle pasado mucha factura.
En 2007 desembarcó en la Alcaldía tras un pacto con los independientes, que en la anterior legislatura habían dado el bastón de mando al PP. Desde entonces, cuatro mayorías absolutas incontestables, llegando en los mejores momentos a doblar en votos y concejales al Partido Popular y aguantando la crisis del bipartidismo o los bajos momentos del PSOE de Pedro Sánchez en el reciente 2023.
Aunque Carlos Martínez ha desarrollado la inmensa mayoría de su carrera en el salón de plenos municipal, Mínguez también es actualmente diputado provincial y fue, en sus comienzos cuando estaba en la oposición, procurador de las Cortes de Castilla y León. Secretario general del PSOE de Soria durante dos mandatos, también ha ocupado cargos importantes en la Federación Española de Municipios y Provincias y ha sido portavoz de esta en diversos foros y organismos de la Unión Europea o de la ONU.
Aunque Mínguez llegó a la alcaldía en 2007 abanderando el cambio, él ya era concejal municipal desde 1999. Durante esas dos legislaturas, fue primero concejal de gobierno de la primera alcaldesa de la ciudad, la socialista Eloísa Álvarez, y posteriormente portavoz de la oposición frente a la popular Encarnación Redondo. En su juventud, Carlos Martínez cursó estudios de la Ingeniería Técnica Agrícola en la propia Soria, se movió en el entorno sindical y trabajó como reponedor en un supermercado.
Carlos Martínez es un animal político de primer orden, o al menos, muy por encima de lo que suele encontrarse en una provincia como Soria. Con un discurso consistente y ágil, Mínguez es un gran orador con un lenguaje coloquial y cercano que sorprende en los plenos y convence en las distancias cortas. Firme defensor del municipalismo, convencido socialista, ferviente impulsor del escudo social y adalid de la lucha contra la despoblación y la desigualdad territorial. Todo ello sin olvidar aspectos que le tocan su sensibilidad de hombre de izquierdas de manera especial como son el feminismo, el cambio climático o la causa Palestina.
Mínguez es realista, certero en el análisis y muy, muy reivindicativo. Esa capacidad para poner el grito en el cielo, como se vio durante la pandemia, y su habilidad para exigir y arrancar compromisos a los suyos han sido claves para ganarse la confianza de los sorianos. El alcalde de Soria es un político con colmillo, que no duda en tirarse a por ella cuando ve una oportunidad. Así lo hizo cuando se plantó en una reunión de los mejores fotógrafos de España en el Círculo de Bellas Artes de Madrid para ofrecerles "un edificio, no, dos" y amarrar para Soria el Centro Nacional de Fotografía.
Oportunidades que, en muchas ocasiones, solo él ve. Como su apoyo a los presupuestos municipales de un PP sin mayoría en el consistorio o como cuando en 2017 impulsó el congreso 'Think Europe' que muchos no entendimos pero que puso a Soria y la problemática de la despoblación en la agenda comunitaria. Mínguez es un fiel convencido de la Agenda 2030 y firme defensor de las diferentes Agendas Urbanas, posicionamiento que le ha venido de lujo para arrancar cuantiosos y numerosos fondos para la ciudad.
En contra de lo que pudiera parecer, Mínguez es un político que no descuida sus gestos. Desde la foto del Che Guevara en un lugar prominente de su despacho hasta su prolífica presencia en la red social Twitter donde se unió ya en 2010 donde se definía como "zurdo" y donde no esquivaba los memes, las bromas o hasta las peticiones de verbena. Superado ya el medio siglo de vida, Carlos entiende y aprovecha los nuevos códigos de lenguaje y las nuevas plataformas.
Aunque no pueda presumir de vista, si puede hacerlo de su buena percha y su media melena, que junto con su habitual chupa de cuero le dan aspecto de vieja rockstar. La vestimenta es una de sus señas de identidad y es que, aunque no es alérgico al traje, e incluso a la capa castellana para las ocasiones especiales, suele apostar por prendas más cómodas como las chaquetas de pana y los jerséis de cuello alto. Todo sin olvidar su mítica palestina que esta campaña parece haber dejado en el armario para apostar por el chaleco y la corbata.
La talla política del alcalde de Soria es reconocida por todos, tanto dentro de su propio partido como fuera, desde donde se ve su figura con una mezcla de envidia y frustración. Otra cosa es la capacidad de gestión y resolución de problemas en el día a día. Dos décadas de cómoda mayoría absoluta y legislaturas sin algo que se haya podido considerar una verdadera oposición, le han abocado a una gestión del 'todo vale'.
A la no necesidad de pactos se han sumado las nulas ganas de buscar acuerdos, generando en el Ayuntamiento de Soria un verdadero totum revolutum en materia de personal. Con la RPT caducada desde 2013 y un PGOU de 1994, decenas de veces enmendado, pero nunca renovado, la oposición le realiza constantes críticas por amiguismo, falta de control y transparencia en el día a día del Consistorio. Una oposición que ve en la elevada presión fiscal de la ciudad la forma con la que el equipo de gobierno tapa su ineficiencia en la gestión del dinero público.
Desde su llegada a la Alcaldía, Carlos Martínez impulsó una ambiciosa renovación de la ciudad, con la peatonalización total de dos centros neurálgicos del tráfico capitalino como eran Mariano Granados y Espolón. En paralelo, ha apostado por la 'pacificación' de la almendra central de la capital y la recuperación patrimonial —al amparo muchas veces del 1,5% Cultural del Gobierno— como motor turístico, económico y social de la ciudad.
Además, su equipo de gobierno ha apostado de manera sostenida y consistente por la cultura y el deporte como señas de identidad de la ciudad y como servicio público a los ciudadanos. Desde los festivales de las Ánimas, los Cortos o el Otoño Musical Soriano pasando por una, muy numerosa para la población de Soria, oferta de espacios deportivos.
En la cruz, su incapacidad para atraer actividad industrial a los polígonos de la ciudad, una elevada presión fiscal, especialmente focalizada en el IBI, un impuesto que ideológicamente Mínguez ve como el "ideal' y el más justo para financiar su modelo de ciudad, y la creación de una ciudad incómoda para los coches. Son muchos los sorianos que han criticado su apuesta por el adoquinado y que ven en esas obras de 'humanización' y 'pacificación' atascos que antes no existían, numerosos problemas de aparcamiento y trayectos mucho más largos en coche. Las obras de las travesías parecen ser su último legado en esta materia, provocando unos cambios en el tráfico de la ciudad que muchos no entienden.
El proyecto político para Soria del líder socialista está tremendamente alineado con la Agenda 2030 y con las agendas urbanas internacionales. Algo no exento de polémica, pero que le ha permitido lograr importantes cantidades de fondos europeos y nacionales, especialmente ahora gracias al Plan del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, los fondos Next. Para hacernos una idea, Soria tendrá una Zona de Bajas Emisiones porque se han logrado fondos para ello, aunque todavía no está definido qué cambiará y la ley no le obliga a tenerla por su escasa población (y contaminación).
En el último lustro, Carlos Martínez también ha logrado arrancar al ejecutivo de Pedro Sánchez proyectos importantes que deberían suponer un antes y un después para la ciudad. El futuro Centro de Procesamiento de Datos de la Seguridad Social (200M€ de inversión estatal) deberá servir como ejemplo tanto de descentralización de instituciones como de eficiencia climática para empresas del sector privado. También en fase de construcción está el futuro Centro Nacional de Fotografía que acogerá la ciudad y será gestionado por el Estado o el, este más polémico por razones obvias, Centro de Acogida de Refugiados. No cabe duda de que la Soria de hoy es, para lo bueno y para lo malo, la Soria de Carlos Martínez Mínguez.
Para entender el tirón social de Carlos Martínez Mínguez, igual que para entender Soria, es imprescindible meter en la ecuación las Fiestas de San Juan. Festejos en torno al sol, al vino y al toro que se prolongan durante más de un mes con la llegada del verano y donde la devoción popular por el alcalde de Soria alcanza su máximo nivel. Todo pese a las incongruencias que unas fiestas de este tipo podrían suponer para un alcalde socialista (por poner un ejemplo, su peña fue la última de la ciudad en admitir que las mujeres desfilasen con el chaleco de la misma allá por 2017).
Cuando otros alcaldes se reservan para su gestión directa carteras como Hacienda o Urbanismo, Carlos Martínez Mínguez siempre ha elegido hacerse cargo del apartado de festejos. Muchedumbres coreando 'no estamos todos, falta el alcalde'" manteos en los momentos más icónicos, invitaciones espontáneas a ciudadanos de la calle para unirse a comitivas o balcones y hasta reparto de pegatinas (como la que ilustra este artículo) se han convertido ya en una tradición en Soria.
No es extraño ver en el monte o en las verbenas a los más jóvenes haciéndose selfies con el alcalde o al propio alcalde mediando y separando en las peleas. Carlos Martínez se torna en protagonista al convertirse en un soriano. Esa cercanía le lleva, en no pocas ocasiones, a pasar la delgada línea que puede convertir una tontería en una crisis reputacional. La más sonada, su viral en toda España paseo en Papamóvil durante las fiestas de un pueblo o, últimamente, la recuperación de una entrevista borracho para un canal de YouTube local durante una fiesta campera.
Esa afición por las Fiestas (las de Soria, con mayúscula) y por la fiesta (la del cubalibre y la Mahou en la barra de bar) han llevado a la oposición más feroz a asegurar que Carlos gana la Alcaldía en los vermuts y con la juerga nocturna, como si ello fuera óbice para tener otras virtudes políticas o fuera, en el caso de Soria, condición suficiente para asegurar el voto.
Sea como fuera y a pesar de que él siempre ha hablado de "primero el proyecto, luego el equipo y después el líder", lo cierto es que el gobierno socialista en la ciudad de Soria no se puede entender sin el hiperliderazgo que Mínguez representa. Un Ayuntamiento personalista y un equipo de gobierno entregado al líder que ahora se abre a la imposible tarea de sustituir a Carlos Martínez. Pero eso ya, es otra historia.
Este artículo es una versión actualizada de una pieza publciada en Soria Noticias en enero del año pasado cuando Carlos Martínez fue elegido líder del PSOECyL.
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