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Del "sanchista fijo discontinuo" al "emperador desnudo", las frases más virales de los candidatos

Del "sanchista fijo discontinuo" al "emperador desnudo", las frases más virales de los candidatos

Actualizado 13/03/2026 19:34

La campaña electoral en Castilla y León ha dejado menos incendios políticos que en otras citas, pero sí un curioso repertorio de metáforas, ironías y reproches entre candidatos. Del "emperador desnudo" al centrifugado de la lavadora, estas son algunas frases que retratan el tono de la contienda.

Las campañas electorales son, en la práctica, un festival de metáforas, de afilados reproches y ocurrencias que dicen tanto del clima político como de los propios candidatos.

La que termina ahora en Castilla y León no es una excepción. Entre debates y mítines, los principales líderes se han ido intercambiando una colección de 'piropos' que oscilan entre la ironía, el sarcasmo y la crítica más feroz, componiendo un retrato bastante elocuente del tono de la contienda, que no ha sido de las más encendidas.

El más aplicado en el noble arte de la filigrana verbal en estos largos días ha sido Carlos Martínez, candidato del PSOE a las Cortes y a la Presidencia de la Junta de Castilla y León, que ha decidido enriquecer el debate público con comparaciones pedagógicas, como ese "emperador que va en pelotas", que dedicó a su principal rival, Alfonso Fernández Mañueco (PP), evocando aquel cuento de Hans Christian Andersen. La campaña, como ven, también fomenta la lectura infantil.

No ha sido el único 'requiebro' que ha dedicado a su adversario. Para el socialista es "el peor líder del Partido Popular de toda España", un dirigente "de cartón piedra" y, lo que quizá duele más en una comunidad de inviernos largos, un político al que "le gusta el sofá, el Marca y la mantita por la tarde".

A Mañueco le cambian el apellido

El socialista ha sacado su lado más gongoriano estos días, aunque no ha encontrado en Mañueco a su Quevedo. A él le acusa de "mentir más que el último minuto de la lavadora", imagen de gran potencia simbólica para cualquiera que haya esperado frente al momento del centrifugado final.

Frente a las alegrías dialécticas con las que Martínez ha hecho sonreír a los suyos y fruncir el ceño a los contrarios, el candidato de Vox, Carlos Pollán, ha mantenido un perfil discreto, casi contemplativo.

Quien le ha puesto la música de campaña es su líder nacional, Santiago Abascal, que ha rebautizado a Mañueco como "Alfonso Fernández Marruecos", un adjetivo geopolítico destinado a ilustrar su desacuerdo con la política migratoria. Menos original ha sido cuando le ha calificado de "canalla" y ha acusado al PP de ser "una estafa" incapaz de combatir "la mafia del PSOE".

Para Abascal, demonizar a Vox para luego pedir sus votos (y sigue hablando de Mañueco) constituye una curiosa práctica de "autodemonización" y en su diagnóstico final, el líder de Vox concluye que la estrategia de Mañueco "es del género tonto", clasificación intelectual que probablemente aparecerá pronto en los manuales de ciencia política.

Un candidato del PSOE "sanchista fijo discontinuo"

Y le toca a Alfonso Fernández Mañueco. El candidato a la Presidencia de la Junta por el PP ha insistido no norte a sur que deseaba una campaña sin ruido ni insultos, siguiendo las indicaciones de sus estrategas de partido. "No vamos a hacer una campaña de insultos, ni una campaña de ruido ni una campaña pensada en Twitter o en las redes sociales", ha repetido una y otra vez.

El expresidente de la Junta ha sido el blanco de las iras de sus adversarios, no en vano él ha gestionado y la crítica a la gestión es mucho más fácil de hacer. Así que Mañueco se ha dejado 'querer', haciendo gala de 'buenismo', aunque se le ha ido la mano…, perdón, la boca, en ocasiones, como buen animal político que es.

Así, al socialista Martínez le ha recordado que el PSOE es "ese partido financiado por la prostitución", mientras que a Vox le atribuye la intención de "tirar a los inmigrantes al mar antes de llegar a España".

Y para los socialistas en general ha reservado una categoría específica: "sanchistas", con subtipos (estos ya para su rival Martínez) como "sanchista de segunda mano" o "sanchista fijo discontinuo", taxonomía ideológica inspirada quizá en la reforma laboral.

La franquicia de Trump y el entrenamiento para ignorantes

En el extremo opuesto del arte de la dialéctica aparece Podemos, cuyo candidato, Miguel Ángel Llamas, mantiene un perfil tan discreto que casi parece un ejercicio de minimalismo político. El encargado de subir el tono ha sido, y poco, el portavoz autonómico Pablo Fernández, que acusa al PP de convertir la comunidad en "tierra de sacrificio" mientras "expolia los recursos naturales" gracias a "Demoliciones Mañueco".

Y luego está el observador externo, el despechado Francisco Igea, exvicepresidente de la Junta en su gobierno de coalición con el PP y reconvertido en analista en redes sociales con especial inquina hacia los partidos de derecha. "Se puede ser más ignorante, pero hay que entrenar", le ha dedicado al expresidente Mañueco estos días.

Igea, que siempre ha sido de gran dialéctica y agudo ingenio, contempla la campaña con la libertad del que ya no tiene cargo que perder. Ha definido a Vox como "una franquicia de Trump en España" y ha sugerido que evitar a los medios refleja "inseguridad o falta de honestidad" en abierta alusión en su perfil de X a la negativa de Pollán y Mañueco a atender a los periodistas tras el debate con el socialista Martínez.

Igea reparte el maíz en el gallinero

Polémico, el hasta ahora procurador en Cortes, incluso ha decidido animar el panorama electoral pidiendo el voto para Izquierda Unida, argumentando que no piensa repetir "errores del pasado", aludiendo a su paso por Ciudadanos, formación de la que fue expulsado en 2023.

Si la campaña se ha asemejado a un gallinero en algunos momentos, Igea ha decidido encargarse personalmente de repartir el maíz.

Y así han pasado estos electorales días en Castilla y León: en una contienda donde los candidatos han discutido "como Pimpinela", según el propio Martínez en alusión a las relaciones no sentimentales precisamente que mantienen PP y Vox.

Quizá dentro de unos años nadie recuerde cada promesa ni cada programa electoral. Pero costará olvidarnos del símil de la lavadora cada vez que esperemos a que termine de centrifugar la nuestra y el repertorio de epítetos con el que los candidatos buscan que su mensaje, entre reproche y reproche, acabe encontrando eco, sobre todo, entre los suyos.

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