Volver Noticias de Soria - SoriaNoticias.com
Cosas que pasarán y que no pasarán en el eclipse (spoiler, las cabras no se desmayan)

Cosas que pasarán y que no pasarán en el eclipse (spoiler, las cabras no se desmayan)

Actualizado 11/05/2026 11:18

El eclipse total de sol que atravesará Soria el 12 de agosto traerá consigo un fenómeno tan espectacular como medible: la luz se atenúa, la temperatura cae y el viento se 'reorganiza' durante unos minutos. Frente a la evidencia científica, persisten mitos resistentes en el tiempo: desde alimentos envenenados hasta cabras desmayadas.

Hay algo profundamente místico en un eclipse total: durante unos minutos, el día cambia repentinamente. No es exactamente noche, pero tampoco lo que entendemos por tarde. Es un paréntesis atmosférico que los meteorólogos observan con precisión y que el resto contempla con una mezcla de fascinación y desconcierto. Y, como ocurre con todo lo que desconcierta, también ha sido terreno fértil para mitos persistentes durante siglos.

Lo que sí cambia durante un eclipse total es la luz. La insolación cae de forma abrupta y, con ella, la energía disponible en superficie. La consecuencia inmediata es térmica. En condiciones despejadas, la temperatura puede descender entre cuatro y cinco grados en cuestión de minutos.

En el eclipse africano de 2001, el primero total de este siglo, se registró una caída de unos 5,5 grados. En otros casos, como en Estados Unidos, se han documentado descensos cercanos a los 10 grados en zonas de totalidad. La NASA resume el impacto térmico de un eclipse solar total de forma más gráfica: el descenso de la temperatura equivale aproximadamente a una fracción —entre la mitad y tres cuartos— de la diferencia habitual entre el día y la noche en ese lugar. Es decir, el eclipse no convierte el mediodía en medianoche, pero sí acelera el atardecer.

Una suave brisa

Ese enfriamiento exprés tiene efectos en cadena. Uno de los más estudiados es el llamado “viento de eclipse”. Investigadores de la Universidad de Reading (Inglaterra) documentaron cómo la desaparición momentánea del calor solar altera la dinámica del aire cercano al suelo. El profesor Giles Harrison lo explica así: al enfriarse el suelo, el aire caliente deja de ascender, lo que reduce la velocidad del viento y puede cambiar su dirección.

El mecanismo es sencillo: el aire más frío se vuelve más denso, aumenta ligeramente la presión y genera una pequeña “burbuja” de aire que tiende a desplazarse hacia zonas más cálidas. El resultado, perceptible en algunos casos, es una calma repentina seguida de una brisa suave que cambia de dirección. Dura apenas unos minutos, pero es suficiente para que los instrumentos —y los observadores atentos— lo detecten.

En ese mismo proceso se inscribe otro efecto menos visible: el aumento de la humedad relativa. Al bajar la temperatura, el aire pierde capacidad para retener vapor de agua, lo que eleva la humedad. No es algo que el cuerpo perciba con claridad, pero sí queda registrado en las estaciones meteorológicas.

Nubes que se disipan

Más llamativo es lo que puede ocurrir con las nubes el 12 de agosto en Soria. Los cúmulos de buen tiempo, esas que dependen de corrientes ascendentes de aire caliente, pueden disiparse justo en el momento de máxima ocultación solar. La convección se debilita o desaparece y, con ella, las nubes. Y se produce una paradoja: el eclipse puede mejorar las condiciones para observarse a sí mismo.

En el ámbito de la Biología, el eclipse introduce una breve confusión en algunas especies. La mayoría de los organismos vivos ajustan su actividad a ciclos de luz y oscuridad, y responden a la caída repentina de luminosidad, como si anocheciera.

Las aves diurnas buscan refugio o guardan silencio, los insectos nocturnos entran en actividad y algunas arañas llegan a desmontar sus redes para reconstruirlas después. Un estudio de 1991 documentó precisamente ese comportamiento en una especie de araña, la Metepeira incrassata en México, que fue observada comportándose de manera peculiar durante los eclipses solares, deshaciendo su telaraña tan pronto como el cielo se oscurecía.

En 1932, durante el eclipse total del 31 de agosto en Nueva Inglaterra, la Sociedad de Historia Natural de Boston, recopiló casi 500 informes de ciudadanos, naturalistas y guardabosque la Sociedad de Historia Natural de Boston. Y sí, los expertos observaron que algunos animales estudiados como las abejas regresando a colmenas o los grillos cantando, mostraban signos de inquietud durante un eclipse de diez minutos. Pero los científicos insisten en que buena parte de la información disponible es anecdótica.

Hasta aquí, los hechos. A partir de aquí, los mitos.

A lo largo de la historia encontramos historias fascinantes sobre los eclipses. Pero la más pintoresca no es tan antigua. ¿Se desmayan las cabras durante un eclipse total? La 'teoria' tiene nombre en internet: 'goatality', pero fue desmentida por la periodista de la BBC Shefali Kulkarni, que viajó a una granja en Oregón para comprobarlo durante el eclipse de agosto de 2017, y por su colega Dave Jorgenson, que hizo lo propio en Tennessee para ‘The Washington Post’. Resultado: las cabras siguieron comiendo con notable indiferencia hacia el acontecimiento cósmico.

Tampoco se envenena la comida. La idea de que el eclipse introduce una radiación especial capaz de estropear alimentos no tiene base física. Durante el fenómeno, la Luna bloquea parte de la radiación solar; no aparece ninguna nueva radiación.

Este tipo de creencias tiene raíces históricas profundas. Algunas poblaciones del bajo Yukón, en Canadá, volteaban sus utensilios de cocina para evitar que una supuesta sustancia dañina del Sol eclipsado contaminara los alimentos. Otros pueblos norteamericanos llegaban a desechar comida y agua por temor a que “se ensangrentaran” con la muerte simbólica del Sol. También los mayas consideraban al eclipse como una "enfermedad" de los astros, lo que se traducía en la idea de que la energía maligna o enferma podía pasar a los alimentos y al agua.

En Mesoamérica, los eclipses se interpretaban como eventos de enorme carga ritual. Entre los mexicas, existía el temor a malformaciones en los recién nacidos, lo que llevaba a mujeres embarazadas a portar amuletos de protección. Hoy, la evidencia científica es clara: no existe relación entre eclipses y malformaciones fetales.

No, no hay una 'dieta del eclipse'

Persisten también mitos más contemporáneos: que los eclipses provocan terremotos, que anuncian catástrofes o que afectan de forma significativa a la salud. Ninguno cuenta con respaldo científico. Aunque la alineación de Sol, Luna y Tierra aumenta ligeramente las fuerzas de marea —las mismas que provocan mareas más intensas en luna nueva—, no hay correlación demostrada con actividad sísmica.

Ni siquiera el argumento gravitatorio resiste mucho análisis científico. Es cierto que durante un eclipse el peso de una persona puede reducirse ligeramente —del orden de unas decenas de gramos— debido a la atracción combinada del Sol y la Luna. Pero ese efecto es prácticamente idéntico al que ocurre cada mes con la luna nueva. No es un fenómeno excepcional, ni perceptible sin instrumentos de precisión. No existe, por tanto, una ‘dieta del eclipse’.

El eclipse que oscurecerá la tarde de Soria dentro de tres meses será un evento extraordinario por su rareza y espectacularidad, no por efectos misteriosos. La ciencia lo describe con precisión: menos radiación, menos temperatura, ligeros ajustes en la atmósfera y respuestas puntuales en algunos seres vivos.

Todo lo demás —desde alimentos envenenados hasta cabras desmayadas— pertenece a un relato que, como la sombra de la Luna, también se proyecta sobre la realidad.

Únete al universo Soria Noticias Descárgate nuestra APP, entra en nuestro canal de WhatsApp o síguenos en redes.